Hay libros que cuentan una infancia difícil. Y hay libros que convierten esa infancia en una arquitectura literaria impecable.
Las cenizas de Ángela pertenece a esta segunda clase. Son las memorias de su autor, Frank McCourt, en las que describe su infancia en la Irlanda de los años treinta y cuarenta, en Limerick, una ciudad marcada por la pobreza estructural, el desempleo y una fuerte impronta católica.
La historia comienza así:
«Cuando recuerdo mi infancia, me pregunto cómo pude sobrevivir siquiera. Fue, naturalmente, una infancia desgraciada, se entiende; las infancias felices no merecen que les prestemos atención. La infancia desgraciada irlandesa es peor que cualquier otra infancia desgraciada, pero la infancia desgraciada irlandesa católica es la peor de todas...».
Sinopsis
La familia McCourt regresa de Estados Unidos a Irlanda tras una infancia temprana en Brooklyn. Lejos de encontrar estabilidad, se instalan en un entorno aún más hostil. El padre, carismático pero alcohólico, dilapida el poco dinero que entra en casa; la madre sostiene la supervivencia familiar con una resistencia silenciosa que en ocasiones se desmorona. Además, la sociedad, marcada por una moral religiosa tan fuerte como omnipresente, condena a los niños a la culpa y el miedo permanentes. No hay red que los salve.
Frank sueña con el día en que pueda abandonar el círculo de hambre, enfermedad y miseria en el que viven él y sus hermanos. La educación y el trabajo, ya desde niño, son los vehículos a los que se aferra.
La voz narrativa
McCourt construye la narración desde la perspectiva de su yo infantil, pero escrita por el adulto que recuerda. El resultado es una voz aparentemente ingenua, directa, casi despojada de interpretación moral. El niño no analiza; observa. No teoriza sobre la pobreza; la describe. Esta voz infantil normaliza el hambre y la miseria, pues son los únicos elementos que el protagonista conoce, e intensifica el impacto emocional en el lector.
Y, sin embargo, la novela te hará reír hasta doblarte. Está cargada de comicidad, de humor de supervivencia que evita el sentimentalismo y que, paradójicamente, hace que el drama sea más creíble.
La figura del padre
Uno de los ejes que hacen que el libro funcione como un engranaje perfecto es la figura del padre de Frank. No es un villano plano; es una figura trágica y contradictoria.
Por un lado, es el hombre ausente: alcohólico, incapaz de mantener un empleo y que se gasta todo sueldo que recibe en alcohol, mientras la familia pasa hambre. Su irresponsabilidad es constante. Y la consecuencia es directa e inmediata: frío, miseria, enfermedad y muerte.
Pero, al mismo tiempo, es un padre afectuoso. No hay violencia física, no hay gritos. Hay cuentos al calor de la noche, canciones patrióticas, historias épicas sobre Irlanda. Es un ser amoroso y destructivo que introduce un conflicto emocional muy complejo: el niño ama a quien lo perjudica. Frank lo mira con una mezcla de fascinación y decepción que es profundamente humana.
Esta es una de las claves del libro: el sufrimiento no proviene únicamente de la pobreza, sino de esa lealtad afectiva hacia alguien que falla una y otra vez.
La realidad y la ficción
La historia de McCourt, su verdadera historia, está tan bien hilada sobre el papel que a menudo el lector se pregunta cuánto hay de ficción en ella, cómo puede la realidad adquirir una estructura tan precisa, tan eficaz narrativamente. Tras las páginas de este libro hay una construcción literaria evidente: una selección de escenas, ritmo y diálogos que se articulan de forma premeditada, aunque se apoyen en hechos reales. No se trata de una transcripción de recuerdos; es una elaboración literaria.
Aquí, además, hay otro punto clave: McCourt no escribe desde el resentimiento. Esa contención es una de las razones por las que el libro funciona como literatura y no solo como testimonio.
Valoración
La historia de Frank McCourt es la de un hombre que tardó 66 años en lograr plasmar su vida sobre el papel, en superar el trauma de una infancia marcada por un padre borracho y ausente y una sociedad intolerante e incapaz de proteger al más débil. Pero no es solo una historia de penurias. Es una historia de desafíos, de complicidades, de risas. Es una historia de las que calan, de las que desearías poder volver a leer por primera vez. Para mí, una lectura imprescindible. Cinco estrellas, sin ninguna duda.
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Frank McCourt
Frank McCourt (1930–2009) nació en Brooklyn, hijo de emigrantes irlandeses. Pasó su infancia en Limerick y regresó a Estados Unidos siendo joven. Durante décadas trabajó como profesor de literatura en institutos de Nueva York antes de publicar Las cenizas de Ángela en 1996, cuando tenía 66 años.
El libro obtuvo el Premio Pulitzer en 1997 en la categoría de biografía/autobiografía, además del National Book Critics Circle Award. Fue un éxito internacional.
Posteriormente publicó:
• Lo es ('Tis) (1999), donde narra su regreso a Estados Unidos y sus años de formación como profesor.
• El profesor (Teacher Man) (2005), centrado en su experiencia docente.
