Reseña: El jardín de vidrio, de Tatiana Țîbuleac

«El jardín de vidrio», segunda novela de Tatiana Țîbuleac, se publicó en 2018 y fue galardonada con el Premio de Literatura de la Unión Europea. Esta obra consolida a la autora como una voz singular dentro de la narrativa europea contemporánea.

Argumento y claves de «El jardín de vidrio»

La pequeña Lastotchka vive en un orfanato de Chisináu (Moldavia) hasta que una mujer llamada Tamara Pavlovna la adopta. Tamara se dedica a recoger y vender las botellas que los borrachos dejan por las calles. No se gana mal la vida y vive en un piso, compartiendo patio con otros vecinos que tendrán un papel relevante en la vida de Lastotchka. La adopción de la niña no es un acto de piedad; Tamara necesita dos manos más que la ayuden con el trabajo.

Así comienza una infancia marcada por la explotación, la violencia cotidiana y la ausencia de afecto. El relato, escrito en primera persona por la protagonista, está dirigido a sus padres, de los que no sabe nada. Alterna pasajes de la vida de adulta con pasajes de su infancia, a veces de manera un tanto confusa para el lector, pero coherente con el bagaje vital del personaje.

El lenguaje cobra una importancia vital; moldea la novela y transforma la vida de la protagonista en cada una de sus etapas. Las palabras tienen un peso emocional y simbólico. Los cambios de idioma y alfabeto reflejan la relación entre lengua, poder y supervivencia.

Estilo y atmósfera: El mapa de Latchoska

La novela sigue el estilo que la autora mostró en su primera obra: capítulos cortos y concisos. Prosa introspectiva y a veces poética. Un talento narrativo indiscutible. Los capítulos, como entradas de un diario, a menudo no siguen un hilo conductor, sino que son fragmentos de su memoria que acaban generando un todo, una foto o mapa con el que leer a Latchoska. Lo que mueve la novela no es un conflicto externo concreto, sino la tensión entre la vulnerabilidad de la protagonista, su capacidad de adaptación y la construcción de su personalidad.

El inicio de la novela y algunos de sus capítulos pueden resultar demasiado crípticos, y eso hace que el lector se sienta un poco perdido en algunos fragmentos. No obstante, la lectura mejora a medida que la historia avanza.

Contexto histórico-lingüístico necesario para entender la novela

Hasta 1940, antes de la anexión soviética, en Moldavia se hablaba rumano y se escribía con alfabeto latino. La llegada de la URSS trajo dos transformaciones lingüísticas impuestas: el ruso pasaba a ser idioma oficial, obligatorio en instituciones y predominante entre las élites urbanas. Además, el rumano pasó a llamarse moldavo, y debía escribirse con alfabeto cirílico. Años después, cuando Moldavia declaró su independencia en 1991, recuperó el rumano con alfabeto latino y abandonó oficialmente el cirílico, que solo tuvo presencia en el país durante medio siglo.

«El jardín de vidrio» está ambientado en la década de 1980 en Moldavia, cuando el dominio de la Unión Soviética empezaba a resquebrajarse. Tatiana Tibuleac habla en el prólogo de esta lengua impuesta que aprendió como materna y que más tarde tuvo que rechazar. Lastotchka, la protagonista de su novela, vive una experiencia parecida.

Valoración

En el lado positivo de la balanza, tenemos la escritura de Tatiana, que absorbe y atrapa. El personaje de Lastotchka está impecablemente perfilado y es creíble hasta un punto extremo. Quizás por ello, el resto de personajes están menos desarrollados. La historia, perfectamente encajada en el contexto político, social y lingüístico de Moldavia en aquella época (para muchos desconocido), resulta muy verosímil e interesante.

En el lado menos positivo, algunos vacíos argumentales que la escritora deja abiertos pese a que el lector desearía conocer más. Ciertos pasajes crípticos o difíciles de encajar dentro de la historia dejan al lector un poco perdido. La obra es más compleja y ambiciosa que su primera novela, pero la sensación general es que, a pesar de que es una muy buena obra, no está a la altura de «El verano que mi madre tuvo los ojos verdes». Quizás, el error fundamental de la autora sea haberse dejado a sí misma el listón demasiado alto.

Cuatro estrellas sobre cinco.

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Tatiana Țîbuleac

Tatiana Țîbuleac (5 de octubre de 1978, Chisináu, Moldavia) es escritora, periodista y traductora. Estudió Periodismo y Comunicación en la Universidad Estatal de Moldavia. Publicó Fábulas modernas (2014), su primera colección de relatos, seguida de su primera novela, «El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes» (2016), y en 2018 publicó su segunda novela, «El jardín de vidrio». Actualmente vive en París con sus dos hijos y su obra está siendo traducida a múltiples idiomas, consolidándola como una voz destacada de la literatura contemporánea de Europa del Este.

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